Los interiores secretos de los asteroides

Crédito de la imagen: NASA / JPL-Caltech / Hap McSween, Universidad de Tennessee, y Andrew Beck y Tim McCoy, Smithsonian Institution.

Crédito de la imagen: NASA / JPL-Caltech / Hap McSween, Universidad de Tennessee, y Andrew Beck y Tim McCoy, Smithsonian Institution.

El asteroide 4 Vesta es lo suficientemente grande como para tener una estructura núcleo-manto-corteza similar a la de la Tierra. Sin embargo, este protoplaneta no experimentó la tectónica de placas y el reciclaje de su material cortical, lo que significa que las muestras de Vesta son muy antiguas y conservan la evidencia de los primeros procesos de nuestro Sistema Solar. Para comprender mejor estos procesos, los científicos estudian meteoritos de howardita-eucrita-diogenita (HED), que se cree que provienen de Vesta, y que abarcan una variedad de minerales, composiciones y texturas. El rango de la variabilidad de la muestra es importante porque diferentes tipos de rocas se formaron en diferentes regiones y a diferentes profundidades dentro de Vesta, lo cual permite que los científicos puedan reconstruir una imagen más completa de la evolución de Vesta.

Un estudio reciente, dirigido por Ai-Cheng Zhang de la Universidad de Nanjing y el Centro CAS para la Excelencia en Planetología Comparativa en Hefei, China, analizó características únicas en los meteoritos conocidos como ‘Noroeste de África (NWA) 8321’. Según el tamaño y la composición mineral, el NWA 8321 se clasifica como diogenita, una roca que probablemente se formó en la corteza profunda en la base de una cámara de magma. Sus características únicas se relacionan con los cambios internos que ocurrían en Vesta a medida que el asteroide se enfriaba en la infancia de nuestro Sistema Solar.

Zhang y sus colegas observaron que el olivino, un mineral de silicato rico en magnesio que también se encuentra en los flujos de lava hawaianos enfriados, fue reemplazado por pequeñas cantidades de metal, sulfuros metálicos y otros minerales de silicato en el NWA 8321. La presencia de metal y sulfuros metálicos sugiere que un fluido rico en azufre modificó la muestra en un proceso llamado sulfuración. El estudio plantea la hipótesis de que, debido a que la sulfuración ocurrió en una roca que se formó en la corteza inferior o el manto superior de Vesta, el azufre tuvo que venir del interior de Vesta. Observaciones adicionales sugieren que los granos de olivino en el NWA 8321 interactuaron también con pequeñas cantidades de roca fundida, que pueden generarse en profundidad. La posible presencia de fluidos ricos en azufre en la antigua Vesta es una nueva observación importante porque estudios geoquímicos previos indican que Vesta estaba (y está) seca. Los fluidos en este asteroide pudieron haber estado dominado por azufre en lugar de agua, y, por lo tanto, son muy diferentes a los de la Tierra. LEE MAS